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Septiembre 2015 | Cultura by @CarlosZapienMX | 0 comments

La utopía posible de la política cultural sonorense



*Carlos Zapién

El éxito de cualquier política pública tendiente a masificar el arte y la cultura en una entidad federativa mexicana, radica en el grado de apropiación que dicho conjunto de estrategias, programas, acciones y resultados logre inculcar en la población a la que está dirigido, pues dicha auto adjudicación por parte del público se materializará, por norma general, en una pacificación colectiva que a la postre será el detonante verdadero del desarrollo económico y social necesario para cualquier conglomerado.

Ante la reciente renovación del aparato gubernamental sonorense y las nuevas expectativas que eso conlleva pero que inciden de manera especial en el gremio cultural del estado, me refiero específicamente a la designación de quienes hoy ocupan la rectoría de la política cultural en este territorio: Mario Welfo Álvarez Beltrán, director del Instituto Sonorense de Cultura; y Sergio Inzunza, director de Cultura Municipal en el ayuntamiento de Cajeme, respectivamente.

Así, Mario Welfo Álvarez Beltrán cumple con el perfil que en el plano general marcó la gobernadora Claudia Pavlovich Arellano al conformar un gabinete estatal equilibrado entre la experiencia y la edad, lo que le permitió a Álvarez Beltrán contarse dentro del segundo apartado pero con conocimiento previo en el ámbito de la gestión pública debido a su cercanía con la Gubernatura a través de una Secretaría Particular anterior al encargo actual. Debido a ese pasado reciente que influye en su responsabilidad actual, Mario Welfo Álvarez, tiene elementos suficientes para agrupar y responder con acciones de promoción cultural y artística concretas a las necesidades de desarrollo que presenta el estado de Sonora, basadas éstas en las distintas vocaciones productivas regionales, en la situación territorial estratégica y en las aspiraciones que marca el programa sexenal Los Ojos del Mundo en Sonora, tendiente a internacionalizar las expresiones artísticas de los sonorenses como vía para el reforzamiento del tejido social y para la mejoría económica a través de la atracción turística.

En ese punto es en el que se mezclan los esfuerzos de las municipalidades, previo acuerdo entre los dos niveles de gobierno dado por tácito en la era Pavlovich, focalizados en la instrumentación de programas que convoquen a la población a la convivencia en los mismos espacios a través espectáculos artísticos, contando para ello con el compromiso compartido entre el empresariado local, instituciones educativas, dependencias públicas y promotores culturales independientes para proveer de espacios, recursos y contenidos que detonen la concordia sostenida en el trato diario de la comunidad.

El ayuntamiento de Cajeme, bajo el liderazgo de Faustino Félix Chávez, inició ya el recorrido bajo esa perspectiva al entregar apoyos a proyectos ciudadanos tendientes a la enseñanza artística y al rescate de las manifestaciones populares y autóctonas del municipio, con Sergio Inzunza al frente de la Dirección de Cultura Municipal, y aunque esa labor es parte de su responsabilidad, es necesario reconocer que ésta debe ser compartida por todos los que fomentamos el arte y la cultura a través de nuestras propias actividades profesionales.

A título personal puedo decir que desde la trinchera que nos brinda Ars Vocalis México en Cajeme, y específicamente en Ciudad Obregón, en donde el pasado mes de abril realizamos uno de nuestros festivales de mejor memoria, junto a Cultural Jikau A.C. y gracias a la respuesta de la ciudadanía, creemos en la enorme posibilidad de materializar lo que en otros estados del país parece todavía lejano e incluso utópico: concentrar en un mismo espacio y momento los esfuerzos institucionales y empresariales, el conocimiento de expertos en el arte mundial, el talento de jóvenes artistas mexicanos que son nuestros alumnos y la voluntad de ciudadanos ávidos del arte profesional que les abre las puertas de manera gratuita y en su propia casa para convivir como familia.

Lo creemos así porque toda utopía tiene siempre algo de esencia juvenil: nuestro festival es joven aún a pesar del renombre que en estos cuatro años alcanzó en el ámbito internacional, y porque es esa misma juventud arrojada la que en este momento funciona como base de la política cultural sonorense y cajemense de la cual también nos sentimos cómplices, pues buscamos juntos la consolidación de una sociedad solidaria, la recurrencia del arte de alto nivel en los espacios que nos pertenecen a todos como sonorenses y el mejoramiento de nuestras condiciones de vida a través del crecimiento económico como producto de una imagen más atractiva de nuestro Estado ante el resto del mundo.

*Carlos Zapién, tenor de origen cajemense, es fundador y director artístico de Ars Vocalis México y director artístico de Cathedral Concert Series en Tucson, Arizona.